FAMILIA FLOTANTE
Pamplona una ciudad con un gran número de habitantes, muchos de ellos oriundos de aquí, otros procedentes de cualquier parte del país… los llamados flotantes. Aquellas personas que deben trasladarcen de ciudad en ciudad por distintos intereses.
Pues bien este es el caso de una familia naciente en Barranca una ciudad de Santander, que crearon motivos ajenos a la guerra o a la situación económica para trasladarcen de allí. Hace cuatro años sus hijos al salir del bachiller académico decidieron entrar a estudiar un nivel profesional en la universidad de Pamplona, fue entonces cuando estos padres, un año después viviendo con la incertidumbre de cómo podrían estar tratados por sus arrendatarios llegaron a Pamplona. “yo no podía imaginarme como estaban mis hijos por aquí, mi hija la menor llamaba desesperada a contarme como era eso de la alimentación y todo lo que les negaban
Al pedir un favor” dice la señora Ruth con una tristeza en su rostro “yo estaba cansada de imaginarme todos los sacrificios por los que estaban pasando nuestros hijos, tan solo por querer ser alguien en la vida”.
Pero este es solo un caso de muchos que hoy podemos ver en esta ciudad educadora. “ser primípara es lo peor, en el 2002 recién llegada a la universidad, las personas que prestaban el servicio de alimentar y arrendar solían tener una cara de mal genio en todo momento, cualquiera pensaría que estaban regalando estos servicios, ¡vaya uno a demorarse tres días en pagar!,” con una cara de asombro, dejo soltar una sonrisa irónica… “empezaban la cobradera y no solo eso ya excusaban que la ducha se había dañado para tener que bañarnos con agua fría y así no gastarles mucha luz” dice Paola la hija menor de la señora Ruth.
Este tipo de cosas no es de aguantar por eso en este año Paola vivió en más de seis casas, dice que en realidad ella en este tiempo no rodó con la suerte de llegar a una parte donde fueran tratados como arrendados y no como arrimados
“En el 2003 las cosas iban mejorando, las personas donde viví, parecían ser amables, pero el costo era más grande que los anteriores, y mis padres desde Barranca no podían por un lado a mi hermano y por otro a mi, así que nos pidieron buscar un lugar donde el presupuesto se acomodara, pero llegó la gota que faltaba para llenar la copa, mi hermano empezó a desfallecer en sus estudios, los amigos empezaban a ser más importantes que cualquier objetivo por el que estuviera aquí” dice Paola.
Esto es lo cotidiano que viven estas familias, se nota el descontento por el que pasan, esperando la hora que sus hijos salgan para volver aquella ciudad que los vio nacer.